Visión

           Proclamar el evangelio de Jesucristo con el fin de ganar personas para el,formarlos como discípulos para enviarlos a ministrar, con el propósito de extener el Reino de Dios                            en la ciudad, en toda la nación y el mundo entero

 


Análisis de la Visión - Misión

Primer paso: Proclamar el Evangelio de Jesucristo con el fin de ganar personas para El.

Por esta razón, la punta de lanza de nuestra visión es el evangelismo. Para ello Dios ha derramado sobre la iglesia su Unción, y nos ha hecho testigos suyos. (Hechos 1:8).

Desde esta perspectiva todos los ámbitos del mover ministerial de la iglesia, entiéndase células, cultos y todo otro programa, deberá tender a afilar la punta de la lanza para hacerla eficaz. El Diablo verá que su ejercito se debilita, porque rescataremos de sus garras a cantidad de personas que el pensaba depositar en el infierno. Ellos gozarán de la libertad, el perdón y la sanidad que Dios les dará, recibirán el regalo de la vida eterna y su morada en la eternidad junto al Padre.

Segundo paso: Formarlos como discípulos para enviarlos a ministrar.

Todos los rescatados se alistarán en las líneas del ejército de Dios, se capacitarán e irán a rescatar a otros. El proceso es simple, sin embargo requiere de un compromiso significativo y perseverante.

Este paso nos encontrará dispuestos a no restar esfuerzos. Creemos que un ejército bien equipado es mucho más eficaz. Por ello es exigible tanto para cada hermano que ya es miembro de la Iglesia, como para aquellos que se incorporen llegados desde otras Iglesias o ministerios, y para aquellos que recién llegan a la fe, pasar por el curso de “Primeros pasos de la vida cristiana” (nivel inicial), el Nivel de Capacitación medio (segundo nivel) y en aquellos que ejercerán funciones de liderazgo pastoral, evangelístico o misionero, el Nivel superior (tercer nivel).

Propósito: Extender el Reino de Dios.

Entre los propósitos de la formación nos interesa que cada hermano sepa dar razón de su fe, que tenga herramientas sencillas, pero valiosas para hacer discípulos y dar testimonio del Señor Jesucristo y finalmente, que cada hermano conozca y viva conforme a los principios del Reino de Dios, de manera de afectar en su barrio, en su trabajo, en el colegio, en la calle y/o donde habitualmente se mueve, dejando huellas imborrables a través de las cuales Dios sea glorificado.

Transformar. Esto es sinónimo de afectar todas las áreas de la sociedad, es decir ámbitos tales como lo político, social, religioso, militar y empresarial. Esto es lo que Edgardo Silvoso llama afectar el Mercado (Educación, Comercio y Gobierno).

Su alcance (¿Dónde afectar los ámbitos mencionados arriba?): En la ciudad, en toda la nación y en el mundo entero.

Cuando el Señor iba a dejar este mundo para subir al Padre, reunido con los discípulos les dijo: “...recibiréis Poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra” )Hechos 1:8).

Desde entonces y hasta hoy permanece el mismo mandato de parte del Señor.

Diríamos que mientras nos esforzamos por nuestra ciudad, nos extendemos a otros lugares, que incluyen en nuestro caso, las ciudades del Valle de Río Negro, estando listos para ir a otras ciudades del país, del continente o al resto del mundo. En otras palabras le decimos al Señor como sentenciaba el viejo himno: “Donde tu quieras que vaya(mos) iré(mos)”.

Teniendo como punto de arranque a Cipolletti, la ruta 22 es el eje de nuestra tierra prometida, tomando hasta Choele Choel, con todos los pueblos que incluyen los 230 kilómetros de esa extensión.

A partir de allí decimos que sin temor y con determinación, nos extenderemos hasta donde Dios nos quiera llevar y heredaremos naciones.

Fundamento ético de la Visión - Misión

Como nunca, el presente nos desafía a ser la Iglesia que estuvo desde el principio en la mente y el corazón de Dios. Hoy la visión es clara. En este tiempo en que los formadores de opinión hacen su trabajo apoyados en un secularismo ateo y humanista, teñido de nueva era y ocultismo centrado en la autosuficiencia del yo, somos llamados a señalar lo proclamar el nombre y el plan del único que da vida verdadera, libertad genuina, y paz completa, el Señor Jesucristo. Somos llamados a ser una comunidad de impacto comunitario, un pueblo que señala rumbo, que establece los principios santos del Reino de Dios. Somos llamados a ser una comunidad terapéutica, en el sentido de llevar y dar a conocer al Señor Jesucristo ministrando salvación, sanidad y liberación a las personas, y trabajar para lograr el establecimiento del Reino de Dios en los pueblos, las ciudades y las naciones de la tierra.

En un tiempo de una evidente carencia de referentes sociales válidos, somos llamados a ser modelos de una conducta ética propia de un hijo de Dios, tanto que al mirarnos, la gente pueda y tenga que expresar: Así queremos ser. A modo de ejemplo de lo que aquí queremos expresar veamos las siguientes consideraciones del apóstol Pablo escribiéndole a los Efesios:

En primer lugar en (Ef. 4:17-24) Pablo requiere de los hermanos de Efeso que dejen las prácticas antiguas. Es decir, los hábitos de pecado que pertenecían al pasado, que estaban fundados sobre principios errados y satánicos. La afirmación más contundente de este párrafo es: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestios del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (vv. 22-24). A partir de allí hace una descripción específica de cada mal hábito que se debe dejar y cual lo deberá reemplazar. El resultado concreto es una iglesia sana, que sirve como modelo para toda la comunidad. En tal sentido, muestra visión es:

1. Ser gente creíble (Ef. 4:25).

Vivimos en una sociedad en que los valores y las acciones de sus más notorios referentes, solo le mueven al descreimiento. Hoy el lema es: “duda y acertarás”. Por la forma en que Pablo se expresa escribiendo a los hermanos de Efeso, uno debe entender que este no es un problema de nuestro tiempo. Diríamos que siempre hubo mentirosos y falseadores de la verdad. El consejo apostólico es “desechen la mentira y digan solo la verdad”.

Dios va a cambiar el mundo y para ello necesita un pueblo. Ese pueblo es la iglesia. A través de la transparencia de su pueblo Dios establecerá un principio de su Reino: La verdad.

2. Ser gente pacificadora (Ef. 4:26-27).

Hoy cuando la violencia se expresa en un crimen pasional del mismo modo que en el deporte, en el recinto de una legislatura, o en el aula de un colegio al punto de tener que asumir que la nuestra es una sociedad violenta, la iglesia levanta la bandera de la paz a partir, precisamente, de su Señor al que la Biblia llama EL PRINCIPE DE PAZ (Isaías 9:6). La generación de los redimidos, que han alcanzado su paz, deben ser los vehículos pacificadores del mundo.

3. Ser gente honesta y solidaria (Ef. 4:28).

Hoy cuando el tango Cambalache parece tener más vigencia que nunca por aquello de que “el que no afana es un gil”, alguien tiene que mostrar y establecer otro de los principios del Reino de Dios: TRABAJAR haciendo lo bueno y además teniendo para compartir con el que padece necesidad. Como parte de nuestra visión deseamos afectar a la ciudad, al valle y hasta donde Dios nos lo permita, a la nación y al mundo con un estilo de vida honesta, de gente que trabaja esforzadamente haciendo lo bueno, con un profundo sentido solidario.

4. Ser gente respetuosa, decente y bondadosa (Ef. 4:29-32).

Marcharemos contra la corriente, no con discursos sobre el lenguaje soez y vulgar de nuestra sociedad, sino más bien usando un lenguaje que edifique a quienes nos escuchen.

Nos moveremos sin amargura, maldiciones o cualquier tipo de maledicencia y libres de todo tipo de malicia. Nuestra boca se abrirá para bendecir. Nuestra conversación será amable y pacifica. Diremos las mismas cosas, pero con dignidad y dignificando.

5. Ser gente con valores éticos irrenunciables (Ef. 5:1-12).

Anhelamos ser ese tipo de gente que sabe mantenerse en una línea de conducta inclaudicable frente a las desviaciones generadas por el pecado en las personas. Nuestra visión es marcar un estilo de vida que nada tenga que ver con una actitud moralista ajustada a normas humanas que más bien encasillan y esclavizan, sino señalar un rumbo a partir de una actitud irreprochable fundada en la pureza de una vida llena del Espíritu Santo, que se vive con toda naturalidad, en la que nada tiene que ver el pecado y siempre se busca agradar al Dios.

6. Ser gente defensora de la familia (Ef. 5:21-6:4; Mat. 19:1-9).

Anhelamos ser esa iglesia donde la familia es lo que la Biblia enseña de ella. Una familia cristiana donde el hombre conoce lo que significa ser cabeza de la mujer, como pastor, como proveedor, como el primer responsable frente a Dios. Donde por otro lado la mujer no discute si debe sujetarse o no a su marido, sino que con buena disposición y con alegría lo hace con plena conciencia de que esa es la voluntad de Dios. De ese modo el matrimonio se establece como el modelo por excelencia para los hijos.

Cada vez que uno puede presenciar una ceremonia de casamientos en el Registro Civil, como parte de la lectura de los derechos, deberes y obligaciones de los contrayentes, en un momento se dice: “si como correctamente se afirma, el futuro engrandecimiento de nuestra nación depende de la familia, gran parte de esa responsabilidad queda sobre ustedes desde este día”. Por momentos hasta parece ridículo escucharlo si se tiene en cuenta cuantos matrimonios no van a perdurar y sus familias van a terminar divididas. Queremos ser esa generación levantada por Dios donde hagamos real esa declaración asumiéndola con toda responsabilidad.

7. Ser gente con valores sociales claros (Ef. 6:5-9; Col. 3:22-4:6).

De avivados está lleno el mundo, y particularmente la Argentina. Por un lado es común escuchar de personas que han desarrollado una habilidad muy especial para restar esfuerzo en sus trabajos. Solo rinden cuando el jefe está cerca. Por otro lado es común que los empleadores se sirvan de sus empleados no remunerando sus trabajos como corresponde o tratando de evadir las responsabilidades lógicas de ser empleadores. Nuestra visión es, en completa fidelidad al consejo de la Palabra, formar una generación de cristianos tanto empleados como empleadores que cumplen sus roles no tratando de servirse del otro, sino agradando en todo a Dios, teniendo en cuenta que El nos ha hecho administradores, aun de nuestro trabajo.

La renovación experimentada y la unción recibida solo tendrán sentido si logran catapultarnos hacia el logro del propósito establecido por Dios; esto es, ser una iglesia santa que no tiene manchas, ni arrugas, que va al mundo a proclamar sin temores y sin sectarismos ni religiosidades, el mensaje del Señor, con el fin de hacer discípulos, que vayan donde haya que ir o donde haga falta, y a su vez hagan lo mismo.

Dios ha hablado claramente con los pastores de la Iglesia Evangélica Bautista del Centro. El ha delimitado claramente la tierra de la que, inicialmente nos ha hecho responsables. Ya no nos preguntamos donde debemos ir. Nuestra preocupación hoy es hacerlo en el tiempo de Dios, con las estrategias de Dios, con el pueblo de Dios y bajo la guía de Dios. Nuestra responsabilidad es pensar cómo haremos la tarea, en qué plazo se hará, con qué recursos contamos y tratar de ver lo ilimitado del alcance que pueden tener nuestros sueños en Dios.

Como Moisés que pudo ver que lo que sería un gran obstáculo en el camino, como lo era el Mar Rojo, Dios lo abrió de manera sobrenatural, así miramos en fe como Dios hará trizas lo que hoy se presenta delante de nosotros como gigantes invencibles para el logro de lo que Él nos ha mandado. El Señor abrirá el camino.